miércoles, enero 01, 2014

Aguas con pasarnos de inocentes.

Ignacio González de Arriba, alias “Maestro Fénix”

Han transcurrido escasos días de la celebración de los santos inocentes, la cual en México se acostumbra festejar mediante bromas y engaños para ver quien es tan ingenuo como para caer “inocente”. Lamentablemente en nuestro México nos estamos acostumbrando a que, más que inocente, a usar la palabra “victima” al ser objetivo de los fraudes como de los asaltos de la violencia. Hay un tipo de victimización que no nos resulta tan evidente pero también debe de preocuparnos.
Hace casi un año, el 25 de enero de 2013, el Instituto Nacional de Migración y la Policía Federal desmantelaban en Nuevo Laredo una secta denominada “Los Defensores de Cristo” donde fueron detenidos varios extranjeros y nacionales. Entre los detenidos se encontraban mujeres y menores de edad en condiciones indignantes: ropa sucia, desgarrada y con casi nula higiene personal. La secta era lidereada por un español de nombre Ignacio González de Arriba, alias “Maestro Fénix” a quienes los miembros de la secta identificaban como la reencarnación de Cristo. El grupo de extranjeros fue acusado de asociación ilícita, defraudación, inducción a la prostitución, tráfico de mujeres, ejercicio ilegal de la medicina y reducción a la servidumbre.
Pero lo interesante para la Comarca Lagunera es que el reclutamiento de los miembros (victimas) de la secta se realizaba en Torreón bajo el esquema de cursos de terapias alternativas, denominadas “bioprogramación”, que ofrecía el ideólogo de la secta, el venezolano José Losanger Arenas.
La gente agobiada por los problemas personales busca un respiro que en ocasiones ya la religión tradicional parece no satisfacer. Esa búsqueda los lleva a caer en manos de disciplinas alternativas que son caldo de cultivo para auténticos estafadores y reclutadores de estos grupos de manipulación extrema. Bajo la inocente creencia de que puedan empezar una nueva vida, sus víctimas no solo perderán su dinero, sus propiedades y el sentido común, sino también su libertad y su dignidad como seres humanos.
Hoy que empezamos un nuevo año, los invito a que no perdamos la fe en nosotros mismos. Apoyémonos en nuestra familia y no desechemos el sentido común. No permitamos que más gente inocente se convierta en víctima de los perversos.

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