miércoles, octubre 19, 2005


Los mares fosforescentes imaginados por Verne existen y ya hay pruebas.

Lo anunciaron científicos de EE.UU. quienes publicarán las fotos en noviembre. Las tomó un satélite capaz de detectar pequeñas luces en la superficie de la Tierra.


Esos campos de hielo con los que los marineros del siglo XVIII juraban toparse en las noches sin luna y que Julio Verne describió con precisión en 20.000 leguas de viaje submarino como mares fosforescentes existen. Y para sacarlos definitivamente del terreno de la fantasía, un grupo de científicos de Estados Unidos tiene pruebas más que contundentes: nuevas fotografías satelitales.

A partir de las nuevas imágenes lo que se consideraba un producto de la imaginación se describe ahora como aguas brillantes que se extienden en todas direcciones y pueden manifestar su luminosidad durante varias horas o días, según han afirmado científicos estadounidenses.

Pero la existencia de esos mares fue mencionada por el escritor Julio Verne en su obra clásica 20.000 leguas de viaje submarino, publicada en 1877.

Y esta no es la primera vez que la ciencia confirma, más de cien años después, lo que este escritor nacido en Nantes —el 8 de febrero de 1828— imaginó. Verne se anticipó al automóvil, al fax, a los rayos X y a la telefoto. Y en De la Tierra a la Luna, por ejemplo, su personaje Impey Barbicane propone un cohete de aluminio llamado Columbia de 3,6676 metros de largo por 3,0480 de diámetro. El Columbia en el que el astronauta Michael Collins giró alrededor de la Luna mientras Neil Armstrong la pisaban en 1969, medía 3,048 de largo por 3,6576 de diámetro. ¡Ah!, y también era de aluminio.

Esta vez le tocó el turno a los científicos del Laboratorio de Investigaciones Navales de la División de Meteorología; del Instituto de Investigaciones de la Bahía del Acuario, en Monterrey (California) y del Centro Nacional de Datos Geofísicos concluir con "un Julio Verne tenía razón". Ellos fueron quienes consiguieron las imágenes de esos mares.

Las fotos serán publicadas en el número de noviembre de la revista especializada "Proceedings of the National Academy of Sciences".

De acuerdo a lo que anticiparon los científicos esas aguas brillantes podrían originarse en enormes poblaciones de bacterias. Pero hasta ahora su corta duración ha hecho difícil constar el origen de su fosforescencia.

Según Steven Miller, científico del Laboratorio de Investigaciones Navales, el mar luminoso fue detectado por primera vez por casualidad. Su imagen fue captada por el Satélite Meteorológico de la Defensa, cuyo objetivo es observar las formaciones de nubes bajo luz solar o lunar.

Con el objeto de lograr la detección nocturna, el satélite utiliza un sensor que puede captar emisiones mínimas de luz visible. Con este mismo sistema ha sido posible detectar fuentes de luz terrestres y atmosféricas, como incendios, rayos y actividad humana en cualquier parte de la superficie del planeta.

La detección mediante sistemas de satélites actuales proporciona un medio de guiar la investigación en el lugar en el que ocurren, señaló Miller.

"Esto crea oportunidades para tener un mayor conocimiento sobre las causas, el papel y la influencia de estos fenómenos muy mal comprendidos hasta ahora", aclaró.

Desde 1915 se han documentado 235 existencias de mares luminosos, concentrados mayoritariamente en el noroeste del Océano Indico y cerca de Java, Indonesia. También en las costas de Somalia en Africa, Portugal y Bahía Fosforescente en Puerto Rico. Pero siempre faltó información. El único que la tenía era Julio Verne que los imaginó luminosos, amplios y también misteriosos.
http://www.clarin.com/diario/2005/10/19/sociedad/s-03501.htm

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