sábado, julio 31, 2004

El VLT capta sorpresivamente un aerolito.

Seguramente todo mundo, en alguna ocasión, hemos observado una “estrella fugaz”. Regularmente se tratan de fragmentos muy pequeños que orbitan en el sistema solar, su origen puede deberse a los asteroides, o con mayor certeza en los cometas. Cuando un cometa se desplaza por el espacio va dejando a su paso un rastro de escombros cometarios. En ocasiones interceptan la orbita de la Tierra y esos pequeños granos de materia de cometa terminan ingresando e incendiándose en nuestra atmósfera a alturas entre 80 y 110 kilómetros. Solamente los más grandes y resistentes alcanzan a tocar el suelo. En esos casos, una vez que los recogemos, reciben el nombre de meteoritos.

Pronosticar cuando va a pasar un aerolito o meteoro resulta imposible. Sin embargo conocemos las fechas de nuestro calendario cuando ocurren algunas lluvias de estrellas, como las perséidas de mediados de agosto, o las Leonidas de noviembre. Pero conocer con precisión en que punto del cielo y a que hora se apreciará una estrella fugaz resulta imposible. Es por ello que observar una es en ocasiones considerado un buen presagio. ¿Cuántos no hemos oído la frase: “cuando veas una estrella fugaz pide un deseo”?

Pues los astrónomos que el 12 de mayo de 2002, observaban el cielo con el Telescopio de Gran Escala (VLT) desde el Observatorio Paranal, en Chile resultaron tremendamente afortunados. Esa noche, los astrónomos pertenecientes al Observatorio Europeo del Sur estaban tomando imágenes y espectros de una supernova en una lejana galaxia cuando sorpresivamente un meteoro atravesó el cielo justamente por el campo de sus instrumentos. El meteoro brillaba en magnitud –8, el equivalente al brillo de la Luna en Cuarto Creciente, y se incendiaba a aproximadamente 100 kilómetros de altura en la atmósfera. Como los instrumentos de los astrónomos estaban captando datos durante la sesión, pudieron obtenerse imágenes y registros espectroscópicos del meteoro. Algo que nunca se había obtenido con el grado de precisión y calidad que estaban adquiriendo hasta ese momento.

“La oportunidad de capturar un meteoro en el campo de visión del espectrógrafo FORSI es tan remota como si yo me hubiera ganado la lotería nacional”, comentó el astrónomo Emmanuel Jehin del Observatorio Europeo del Sur. Y es que el espectrógrafo es un aparato muy útil para los astrónomos, pues les permite conocer información muy valiosa de los objetos que estudian, tales como composición química, temperatura, velocidad y muchos más. Fue así como tras analizar los datos obtenidos por dichos aparatos los científicos encontraron que la temperatura en el meteoro variaba de entre los 4570 y 4650 grados centígrados. También se pudo analizar la firma química de su estela conforme de incendiaba en la atmósfera, principalmente emisiones de oxígeno y nitrógeno atómicos, así como nitrógeno molecular, producto de la fricción con nuestra atmósfera que se constituye principalmente de estos elementos. Algo que sorprendió a los astrónomos es que el instrumental de infrarrojos no captó rastros de carbono en el espectro del meteoro. Este es un punto inquietante, pues las teorías que describen que los meteoritos aportaron carbono y demás bloques constructores para la vida en la Tierra primitiva no pudieron en esta ocasión avalarse. ¿Habrá que rescribir parte de nuestras teorías sobre el origen de la vida en la Tierra? De momento es imposible llegar a una determinación, y tal vez pase un buen tiempo para que otro observatorio tenga la providencial suerte de captar de la misma manera en sus instrumentos el trazo de una estrella fugaz.

¿El meteoro captado por el Very Large Telescope formaba parte de alguna de las lluvias de estrellas que habitualmente surcan nuestros cielos? A ciencia cierta es difícil saberlo, pero tomando en cuenta su trayectoria bien pudo ser parte de la lluvia de estrellas de “Ofiuco” que tienen su radiante al este de la estrella Antares. Aunque esta lluvia de meteoros solo aporta uno o dos estrellas fugaces por hora, se sabe que era la más importante de esa afortunada noche en que los astrónomos captaron a tan favorable aerolito.

Por lo pronto hay que estar observando a los cielos en espera de las próximas lluvias de estrellas, no tanto como los astrónomos en busca de lecturas para sus instrumentos, sino simplemente para gozar del espectáculo de las estrellas fugaces rondando nuestro cielo nocturno. La próxima lluvia de estrellas importante será las “perséidas” o “lagrimas de San Lorenzo” y tendrá su pico máximo el 12 de agosto. Para observarla solo es necesario retirarnos a un sitio libre de la luz de la ciudad y la contaminación, recostarnos en nuestra “bolsa de dormir” o una silla playera y gozar el espectáculo que se extenderá por toda la bóveda celeste. La gran ventaja de las lluvias de estrellas es que no requieren grandes instrumentos de observación. Con nuestros ojos es suficiente, y a lo mucho unos binoculares para apreciar detalles en las estelas que van dejando a su paso los bólidos más espectaculares.

Y aprovechando la ocasión, cuando vean un bólido pasar, nunca está por demás un deseo solicitar...

Imágenes e información del suceso:
http://www.eso.org/outreach/press-rel/pr-2004/pr-19-04.html


1 comentario:

Anónimo dijo...

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